La construcción del Hospital Universitario de Burgos a un consorcio de empresas privadas ha generado un sospechoso sobrecoste de 667 millones de euros y unas infraestructuras y servicios deficitarios.

Desde su entrada a las instituciones, una de las principales tareas de Podemos ha sido crear comisiones de investigación e impulsar medidas de fiscalización del gasto público para destapar las actuaciones negligentes que han provocado que muchos recursos públicos hayan sido malgastados por la corrupción de unos pocos en lugar de revertir en el beneficio de la mayoría social.

En el caso del nuevo hospital de Burgos, tras hablar con más de cincuenta personas, emergen dos relatos irreconciliables. Por un lado, el de la Junta de Castilla y León y la empresa Eficanza (los encargados de gestionar los servicios del Hospital), que sostienen que no hay nada oscuro en el proceso, que el sobrecoste respondió a nuevas necesidades y que el funcionamiento e infraestructura son perfectos. Por otro lado, los grupos de la oposición, parte de la ciudadanía burgalesa y especialistas en gestión sanitaria, arquitectos y personal sanitario, afirman que el sobrecoste ha sido producto de la improvisación de la Administración y la falta de control sobre Eficanza, además de que la infraestructura es de baja calidad y los servicios no funcionan de modo correcto.

Después de revisar cientos de expedientes y realizar múltiples preguntas que se han quedado sin respuesta, la Comisión ha intentado analizar la proyección, la construcción, la ejecución y la explotación, a pesar de las múltiples trabas puestas por el Partido Popular, que ha filtrado minuciosamente a los comparecientes para que nadie contradijera su relato. Transcurrió la friolera de once años entre la previsión de hacer un nuevo hospital hasta su puesta en funcionamiento.

A pesar de los obstáculos interpuestos por el PP, se ha arrojado luz sobre un relato oscuro. Aún queda por responder si será posible una recuperación para lo público del gran desastre privatizador del PP en Burgos. Nuestra respuesta es, naturalmente, que «¡Sí se puede!».