«Con la democracia se le devuelve la palabra al soberano, la gente, con la democracia se resuelven problemas, con la democracia se vence al miedo, con la democracia se ponen diques a la desigualdad y a la corrupción.»

Público, JORGE MORUNO
Responsable de Discurso de Podemos

La mitad de una batalla se gana eligiendo el escenario idóneo para librarla. Disculpad la comparación bélica, pero creo que ayuda a entender la contienda electoral catalana. Ahora bien, ¿era posible elegir el escenario de estas elecciones? Catalunya sí que es pot ha obtenido unos malos resultados, de eso no cabe ninguna duda. Tratemos de entender a qué puede haber respondido. Una marca nada conocida, un candidato que no ha contado con el tiempo necesario para darse a conocer, errores propios, y unas elecciones que cualitativamente nada tienen que ver con las pasadas de 2012. Es cierto, por poner un punto positivo, que ahí donde se han hecho actos, el voto se ha sentido más agradecido.

Empero, no cabe duda de que el principal motivo de este decepcionante resultado tiene que ver con la lógica plebiscitaria que tanto el unilateralismo y las fuerzas de la intransigencia han alimentado. Catalunya sí que es pot no ha sido capaz de quebrar esta lógica a favor de un eje arriba-abajo y ofrecer otra lectura de lo que puede entenderse por soberanía. De ahí que Pablo Iglesias dijera que quizás hablar de los problemas en la educación, la desigualdad y los recortes haya resultado inútil y caído en el vacío.

Rajoy ha puesto toda la carne en el asador para que Catalunya sea el monotema de cara a las próximas elecciones generales. En lugar de hablar de la pérdida de más de 40.000 millones de euros de las rentas del trabajo, -eso que llamandinerito en el bolsillo-, o de por qué el 25% de los contratos dura una semana o menos y el 92% de los totales son temporales, alimentamos el conflicto contra Catalunya y contra la población catalana. Incendiar España para luego aparecer como el bombero que puede apagar el fuego.

Por su parte, Artur Mas necesitaba que estas elecciones fueran un plebiscito, de lo contrario tendría que hablar de su gestión, de corrupción, recortes y desigualdad, es decir, tenía que evitar hablar de los mismos temas que Rajoy tampoco quiere hablar. Ciutadans, lejos de encontrarse incómodo con este planteamiento se ha visto reforzado y casualmente, su caballo de batalla, el nacionalismo catalán, ha sido su mejor aliado, la razón de su aumento en escaños. Dicho de otra forma, todos comparten un mismo escenario, un mismo eje de conflicto donde se sienten cómodos. Además en Ciutadans todo vale, hablaban de auditar las cuentas de la Generalitat al tiempo que bloquean un proyecto de cuentas abiertas en Andalucía a propuesta de Podemos.  Es curioso, por ejemplo, que el referente económico de Artur Mas, Xavier Sala i Martín y el de Albert Rivera, Luis Garicano, compartan mucho más de lo que les separa: un mundo privatizado para ellos, es un mundo que funciona mejor.

El PSC, que anda perdido, ha salvado los muebles con su peor resultado histórico. En la última semana vieron el panorama y decidieron apostar por una gran bandera de España, para al menos, tratar de ubicarse claramente con una de las dos mitades de Catalunya y evitar así una mayor fuga de votos. Las CUP, habiendo aumentado exitosamente sus resultados (este era su momentum), no ha conseguido aumentar cuantitativamente el número de independentistas, si bien ha logrado escorarlo hacia posturas que inciden de manera más fuerte en la reivindicación democrática. Ahora tienen un papel determinante.

¿Cómo es posible que Nou Barris votase en las elecciones municipales por Ada Colau/Bcn en Comú, y muy pocos meses después lo hiciera por Ciutadans? Por supuesto existen varios motivos, pero entre ellos destacaría una razón principal que explica el cambio en el tipo de voto. Mientras en unas elecciones municipales la discusión se ubicaba en la desigualdad, el modelo de ciudad cercano con sus vecinos, en las elecciones a la Generalitat el voto venía marcado por la cuestión nacional. Los recortes, la extorsión financiera, la corrupción, la gestión, todo eso queda desplazado a un cuarto plano. La clave reside en un hecho tan simple como fundamental, que explica lo que se vota a la hora de ir a votar, ¿cuál es el tema que coloca la frontera entre las opciones que se presentan? ¿De qué manera se siente interpelada la gente? ¿Como precaria, como sufridora de recortes y desigualdad, como españoles o catalanes? En este caso han ido a votar en clave plebiscitaria, en clave nacional.

Muy bien, ya ha pasado el 27S, tenemos una agria victoria de Junts pel sí y una dulce derrota de Ciutadans. ¿Y ahora qué? Tras el choque de trenes, el diálogo de sordos que se retroalimentan, ¿quién pone soluciones serias encima de la mesa? Ciutadans celebra su aumento de diputados y parece que eso es lo único que le importa, pero no buscan soluciones, pues saben que les perjudicaría electoralmente. La declaración unilateral de independencia ya ha sido desestimada, pero el nudo sigue sin resolverse, la encrucijada catalana permanece. Tras haber apostado todos por una fórmula que sustituía la elección de partidos y sus políticas, por el voto plebiscitario, ahora vuelve a salir a la luz la idea de un referéndum.

Ahora todos llaman a las puertas de Catalunya sí que es pot, tratando unos y otros, de apropiarse del sentido de su voto. La respuesta viene siendo la de siempre, ni declaración unilateral de independencia ni muro de piedra. Esos dos bloques monolíticos parecen contrarios, pero comparten una misma perspectiva, la de impedir que sea la ciudadanía quien decida en lugar de las élites.  Hay que hablarle a toda la ciudadanía catalana, no solo al 50% que a uno le conviene; no sobra nadie. En este ping pong de bloques hay que poner cordura y responsabilidad. Sólo escuchando a la ciudadanía, solo planteando un referéndum, puede resolverse este problema e incluso puede servir a modo de impulso para construir un país nuevo. Podemos encabeza la posición del Sí a una España nueva que seduzca a los y las catalanas dentro de un país plurinacional. Votar es la voluntad del 80% de la población en Catalunya, voten sí, o voten no. Todos los que han apostado por esta vía salieron reforzados, ya fuera en Canadá, o en el Reino Unido. Una legislatura más de Rajoy y el independentismo se hace del todo mayoritario. Decía Enrique Gil Calvo en un artículo publicado en el diario El País, que  “al soberanismo le conviene más celebrar comicios convencionales, donde puede dar gato por liebre, que un verdadero plebiscito, donde sería probablemente vencido.”

Entonces ¿qué miedo hay? Con la democracia se le devuelve la palabra al soberano, la gente, con la democracia se resuelven problemas, con la democracia se vence al miedo, con la democracia se ponen diques a la desigualdad y a la corrupción. Salgamos de este juego de trileros al que juegan PP, C’s y el PSOE, que le hacen la campaña a Artur Mas, salgamos de la rueda del hámster y seamos valientes. Pongamos a prueba la fortaleza de nuestra democracia. Mal resultado en las elecciones catalanas, cierto, veremos en las generales.

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