Hoy 20 junio es el Día Mundial de las Personas Refugiadas y, lamentablemente, tenemos muy poco que celebrar. Según la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados «tienen derecho al refugio y asilo las personas que puedan tener fundados temores de ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas». Esto fue aprobado por la ONU en 1951 para proteger a los europeos y europeas que huían tras la segunda guerra mundial, y modificado en 1967 para ampliarse a las personas perseguidas del resto del mundo.

Más de un millón de personas han llegado a las fronteras meridionales y orientales de la UE en los últimos dos años huyendo de la guerra, el terrorismo, la pobreza o el cambio climático. La mayoría lo han hecho a través del Mediterráneo, convertido en la ruta migratoria más peligrosa del mundo. Solo en los últimos tres años, más de 15.000 personas han muerto o desaparecido intentando cruzar sus aguas. Y no estamos hablando de casos aislados o temporales. La semana pasada, sin ir más lejos, aparecía en las costas de Cartagena una patera con cinco cadáveres. Una embarcación en la que, con toda seguridad, viajarán más personas que a día de hoy se encuentran «desaparecidas». ACNUR cifra en más de 65 millones las personas desplazadas forzosamente en todo el mundo, y denuncia que específicamente en Europa esta crisis cobra especial gravedad ¿Cuál está siendo la respuesta del Gobierno español y de la Unión Europea?

Desde la Secretaría de Europa y el Área de Migraciones de Podemos queremos denunciar una vez más, especialmente en este día, cómo la UE y el Gobierno español continúan con sus políticas de externalización de fronteras, racismo institucional y devoluciones en caliente, levantando vallas, concertinas y muros construidos sobre la criminalización de las personas migrantes. Tanto la UE como el ejecutivo de Rajoy siguen alimentando el odio y la lucha de los últimos contra los penúltimos, bajo los enunciados de la austeridad y la xenofobia, siendo incapaces siquiera de reubicar en estos dos años a un 10% de la ya entonces insuficiente cuota de 160.000 personas sobre el millón que llegó en 2015. Aquellas bonitas palabras de cara a la galería que los líderes europeos lanzaron ese otoño, agitando la bandera de «Refugees Welcome» y haciendo referencia al pasado emigrante de la UE y a los «valores europeos», se han convertido en un crudo y sincero «Do not come to Europe» («No vengáis a Europa»), expresado hace unos meses por el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Gracias a una pregunta en la Cámara Alta hemos podido conocer que en los últimos diez años los ejecutivos han destinado 168 millones de euros a externalizar las fronteras. El Gobierno español maquilla como ayuda al desarrollo y cooperación el dinero destinado a políticas migratorias que no respetan los derechos humanos. En este proceso de externalización que vertebra la política migratoria de la Unión Europea, además de levantar vallas como las de Ceuta o Melilla o interceptar embarcaciones en el Mediterráneo, se frenan los flujos de personas en países de origen y tránsito, y las ayudas financieras se condicionan al control de las fronteras para hacer el trabajo sucio.

Desde Podemos exigimos:

  1. Trabajar en la adopción de una política común de asilo, garantista y respetuosa con el derecho de asilo y, en tanto se desarrolla, exigir a las instituciones europeas la derogación inmediata del Protocolo Dublín III, que establece que la petición de asilo en la UE solo puede realizarse desde el país por el que se entró en la Unión.

  2. Habilitar vías legales y seguras de acceso al territorio, que posibiliten la solicitud de asilo en representaciones diplomáticas y creen corredores humanitarios.

  3. Garantizar sistemas sólidos de atención y acogida: permitir la solicitud de asilo, tratar estas solicitudes con justicia, reasentar o reubicar aquellas más vulnerables y atender necesidades básicas como la educación y la atención de la salud, con especial atención a niños y niñas (más aún los no acompañados), mujeres y otros casos con necesidades específicas.

  4. Utilizar fondos para mitigar la crisis humanitaria y apoyar a la sociedad civil organizada. Invertir en operaciones de búsqueda y salvamento, prestando de inmediato ayuda a las personas en dificultades.

  5. Abordar las causas que provocan estos éxodos y desplazamientos forzados, actuando para ello en los países de origen y de tránsito. Es necesario dar un giro de 180 grados a la actual política exterior española y comunitaria, actualmente centrada en el refuerzo creciente de la seguridad y la depredación de recursos a cualquier coste, para que pivote sobre la defensa y el fomento de los derechos humanos, la democracia, la paz y la justicia social en todo el mundo.

Hoy es un día para recordar que, con su gestión, la UE y sus Estados miembros han convertido un desafío migratorio y humanitario en una crisis política, de fronteras y de derechos. Desde Podemos aprovechamos esta fecha para decir una vez más que la lucha de las personas migrantes y refugiadas es también nuestra lucha, pues la amenaza de pérdida creciente de derechos es universal. Por tanto, la lucha, la resistencia, las alternativas y los puentes que levantemos frente a sus muros de exclusión también han de ser universales.

Martes, 20 de junio de 2017