Como viene siendo habitual, los nuevos datos sobre contratación laboral presentados por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) confirman que la creación de empleo se basa cada vez más en figuras jurídicas que precarizan el empleo y empeoran las condiciones laborales:

  • Se persiste en el mismo modelo de producción y empleo. Según la última actualización de la Contabilidad Nacional, las actividades vinculadas al comercio, transporte y hostelería siguen siendo la principal fuente de empleo, ya que suponen un 30% del empleo total y han creado 443.000 nuevos puestos de trabajo desde 2013 (en puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo) junto con la construcción, que retoma parte de su anterior protagonismo (crece a casi el doble que el empleo total). Por el contrario, las manufacturas solo han recuperado un 19% del empleo perdido desde el inicio de la crisis. Es necesaria una política industrial activa y de transición energética que impulse el desarrollo de sectores estratégicos basados en la innovación.
  • La contratación sigue estando basada en figuras laborales precarias. Según los datos del SEPE publicados hoy, solo el 8% de los nuevos contratos firmados el último mes son indefinidos, y la situación se agrava especialmente para los jóvenes (solo el 1% de los nuevos contratos son indefinidos y para menores de 25 años) y para las mujeres (solo el 3% de todos los contratos son indefinidos y firmados por mujeres). Como muestra la última EPA, esto se traduce en que el porcentaje sobre el total de asalariados con contrato temporal (26%) se ha incrementado desde 2014 de forma continuada. Por ello, es necesaria la derogación de las últimas reformas laborales y potenciar el empleo de calidad con el fomento del contrato indefinido.
  • Contratos temporales y de duración cada vez más reducida. En enero de 2012, primer año de gobierno del PP, la duración media de los contratos era de 66,15 días. En abril de 2017, la duración media es de 53,52 días. Los contratos firmados de menos de 7 días constituían el 20% en enero de 2012, y en abril de 2017 han subido hasta el 26,5%. La tasa de temporalidad en el primer trimestre de 2012 era del 19,4%, y en el primer trimestre de 2017 era del 25,8%.
  • Los salarios siguen estancados: atendiendo a la Contabilidad Nacional, las rentas del trabajo por hora siguen siendo aproximadamente las mismas que las que existían en 1995, lo que se ha traducido en una caída de las rentas del trabajo de un 5% sobre el PIB. Para contrarrestar este hecho hay que reforzar la negociación colectiva y comprometerse con una subida del salario mínimo hasta los 800 euros en 2018, y continuar después hasta alcanzar el 60% del salario medio que establece la Carta Social Europea. Un mercado de trabajo desigual provoca una sociedad más desigual.
  • La creación de empleo sigue siendo insuficiente. Una década después de iniciarse la crisis todavía tenemos 2,3 millones de ocupados menos: mientras que en 2007 había en España 20,7 millones de trabajadores, a comienzos de 2017 solo hemos alcanzado los 18,4 millones. Solo hemos recuperado el 39% del empleo destruido: una década perdida, provocada por las políticas de austeridad.

En resumen, el modelo productivo sigue mostrando las mismas debilidades del pasado, con el protagonismo de sectores de bajo valor añadido, que se traducen en una elevada precariedad laboral (con índices muy superiores a la media europea), bajos salarios y elevada desigualdad social, ahondando así la brecha social.