Los resultados de las elecciones legislativas en Italia muestran el fuerte aumento del voto xenófobo y de protesta contra la Unión Europea y llevan nuevamente a un callejón sin salida de la política promovida desde las instituciones de la UE: por un lado, el Movimiento 5 Stelle, abiertamente anti europeo, ha sido el partido más votado con un resultado histórico y con capacidad para vertebrar el discurso político italiano; por el otro, a pesar de que la coalición de derechas, favorita de las instituciones europeas y comandada por un inhabilitado Silvio Berlusconi, ha conseguido, como coalición, el resultado más alto, Forza Italia ha obtenido 5 puntos menos que “La Lega”, lo que convierte a este partido xenófobo de extrema derecha en árbitro de la futura elección de primer ministro. Estos resultados se han producido en un contexto de baja participación (la más baja desde la Segunda Guerra Mundial) lo que es prueba del desencanto de mucha gente con el sistema político, además de en una situación social caracterizada por la precarización creciente.

Pero el fracaso de las élites europeas lo muestra mejor que ningún otro hecho el resultado desastroso del Partido Democrático, que pasa de gobernar a alcanzar menos del 20% de los votos. Como viene ocurriendo en los últimos años, la apuesta de la socialdemocracia por la austeridad y las políticas neoliberales impuestas por la UE implican la pérdida del apoyo popular. Como consecuencia del mal resultado, Matteo Renzi ha dimitido como líder del PD, lo que previsiblemente profundizará la crisis en la socialdemocracia italiana y europea que se puede agrandar si decide apuntalar un gobierno de gran coalición por orden de Bruselas.

Desde las perspectiva de las opciones progresistas y democráticas el balance también es muy negativo. Liberi i Uguali, con una visión crítica del gobierno Renzi entrará en el Congreso, ya que ha conseguido superar el 3% de los votos, pero ha quedado muy por debajo de las expectativas. Potere al Popolo, la coalición de movimientos sociales y partidos de la izquierda, no ha llegado al 3% de los votos y se quedará fuera del Congreso y del Senado.

Del resultado de estas elecciones se pueden señalar algunas tendencias que parece se consolidan en la política europea. Por un lado, la crisis de los partidos tradicionales de los sistemas políticos europeos. En este caso, el PD, que venía de gobernar, y Forza Italia, de Silvio Berlusconi, han obtenido el 2ª y el 4ª. En frente, las opciones más críticas con la Unión Europea y con los resultados de sus políticas, el M5S y la Lega, que aglutinan el voto xenófobo y de protesta contra las políticas de recortes sociales y de pérdida de derechos, algo que ya se podía intuir tras el resultado del referéndum de 2016.

Por otra parte, el discurso del odio y la xenofobia, que pone en primer lugar las cuestiones securitarias en detrimento de las cuestiones sociales, ha sido hegemónico durante toda la campaña. El descontento social se traduce así en miedo a la incertidumbre social provocada por unas políticas pensadas para unos pocos y no para las mayorías. Enlazado con esto, la casi total masculinización de los líderes políticos en esta campaña: de todos los partidos que han superado el 3% solamente uno estaba liderado por una mujer.

Con este resultado los previsible es que las instituciones europeas busquen conseguir una gran coalición similar a la que sostendrá a Angela Merkel y que coloque a un líder de los partidos tradicionales en la jefatura del gobierno los próximos años para que continúe con las políticas neoliberales y a favor de los más privilegiados.