Madrileños: el sol nace en el Mediterráneo.
De la nueva luz del día os traigo el primer calor…
( …) Os habla Lluís Companys, os habla vuestro hermano.

Público, JORGE MORUNO DANZI
Responsable de discurso de Podemos

Durante cuatro años estuve viviendo, estudiando y trabajando en Barcelona. Residía en la calle de la Conca de Tremp. Entre el bar Delicias, donde deambulaba el Pijoaparte de Juan Marsé mientras buscaba sus últimas tardes con Teresa, y ese cruce maldito que tantos accidentes ha causado. En pleno Carmel, la zona alta de Barcelona. Catalunya me enseñó a sus gentes, a su tierra, su identidad nacional y su riqueza social. Las palabras y actitudes del PP, pero no solo, representan la mayor fábrica de nuevos independentistas, tal y como demuestra el CEO –Centre d’estudis d’opinió-. Esa España está vacía, le sobra la gente. Esa España se define por lo que entienden como la antiespaña, es decir, todo lo que no responde a la España reaccionaria de los señoritos y los privilegiados. En esa España sobramos todos y todas, pues resulta incapaz de levantar un proyecto de país plurinacional, diverso, orgulloso de su riqueza lingüística y cultural. Nos dice lo que tenemos que ser y sentir, nos trata como a menores de edad, ya sea en Málaga o en Banyoles. Gobierna, por encima de todo, para blindar la concentración oligárquica de la riqueza.

Empero, los árboles no deben ocultar al bosque. Lejos de ser un ataque al procés, las vendettas entre entramados corruptos del régimen, la quiebra de las lealtades entre las élites, son puñaladas entre mafias, que en su descomposición, rompen la omertá. Lo dijo Pujol, si tira, caerán todos. Es cierto que el PP en lugar de hacer política, enquista todavía más el problema azuzando las pasiones más tristes. La familia del inmovilismo escribe cartas amenazadoras, se cierra, hace electoralismo y retoza en la intransigencia. Ofrece soluciones jurídicas propias de un problema de orden público, en lugar de aportar y buscar salidas políticas responsables y cargadas de coraje democrático.

Entre el cruce de cuchillos no debemos perder la perspectiva. No hay una CIU de Pujol – español del año en 1993 según el ABC-, pilar del régimen del 78, en contraposición a una CDC de Mas, que abre una posibilidad de ruptura con dicho régimen político. Esta es la Convergència que votó a favor de la Amnistía Fiscaldel PP que premia a los defraudadores. La que se abstuvo en la reforma laboral del PSOE y aplaudió la Reforma Laboral del PP, generado más paro, más precariedad, menos ingresos a la seguridad social y salarios más bajos. Fue el Conseller Francesc Xavier Mena, quien bajo gobierno de Mas, propuso la fórmula de contratos no laborales de 40 horas destinados a jóvenes cobrando 426 euros al mes. El Mismo Conseller Mena, aconsejaba a la juventud catalana a tomar el primer vuelo a Londres a servir cafés. Fue su Conseller Puig, quien ordenó “limpiar” la Plaça Catalunya de las concentraciones democráticas en mayo de 2011. Es la Convergència que junto con el PP y el PSC decidieron rebajar el impuesto a los casinos catalanes del 55% al 10%. Es la Convergència que comparte grupo político en Europa con Ciutadans y votan de la mano contra las medidas del Ayuntamiento de Barcelona para rebajar los altos salarios a cargos públicos.

Unos esconden la cabeza como un avestruz para no hacer política, otros se esconden para no rendir cuentas por su nefasta gestión política: Los dos forman parte de la misma España, la que construyeron en tiempos de Aznar. Hablan dos idiomas, pero utilizan una misma lengua que entienden los especuladores y defraudadores. Estamos ante dos familias de un mismo Frente Por la Corrupción y la austeridad con sede central en Suiza y sucursal en Andorra, que practican la guerra sucia contra la población.

Solo habrá cambio en Catalunya si hay cambio en España, solo habrá cambio en España, si hay cambio en Catalunya. Únicamente una apertura constituyente dentro del marco jurídico que comparten tanto Madrid como Catalunya, puede posibilitar la correlación de fuerzas democráticas necesarias. Con miedo, sin futuro, con precariedad y corrupción, con empobrecimiento, desigualdad y recortes, el derecho a decidir de la ciudadanía desaparece. Con políticas y proyectos que destrozan las costas, que venden el país a la especulación y ponen las instituciones al servicio de constructoras, no hay soberanía popular. Un país no es nada sin su gente. La primera piedra de esta epopeya que tenemos delante, pasa entonces, por rescatar a la gente, a la sanidad, a la educación y los servicios públicos. Pasa por rescatar el futuro secuestrado, el horizonte cerrado.

La ciudadanía también habla lenguas distintas y comparte un mismo idioma, pero otro contrario al de las élites, es el idioma de la fraternidad entre quienes somos iguales en nuestra diferencia. Madrid y Barcelona se buscaron y se han encontrado, primero en las plazas en aquel mayo, en las mareas ciudadanas, y ahora lo hacen también desde las instituciones de la mano y la sorodidad de dos mujeres. Por encima del ruido, ellas nos muestran el camino a seguir  Un modelo que converge en el cuidado y el diálogo, un modelo que ofrece  soluciones democráticas a problemas compartidos. Mientras unos imponen, mientras unos desahucian, otros seducen y  ponen las instituciones al servicio de las personas. Ninguno puede apropiarse del derecho a decidir, es de todos y todas, pues no le pertenece a nadie.  Respetar la palabra de la ciudadanía catalana, la del sí y la del no, es un claro rasgo democrático, pero también anuncia el prolegómeno de otro modelo de país que tenemos que construir. Un país donde nadie esté forzado a quedarse, pero del que nadie quiera marcharse. “La democracia es nuestro derecho”, decían los Estopa resumiendo tanta verdad en pocas palabras. La democracia es el cemento de un país nuevo, de un proyecto fraternal. Un futuro que deje atrás las batallas privadas de las élites que nos marean a todos más que a un pollo al ast.

El 27S  no se elige entre Mas o Rajoy, ni siquiera entre España o Catalunya, lo que está realmente en juego es la disyuntiva entre el cambio democrático o la deriva oligárquica, entre corrupción o transparencia e igualdad, entre derechos o resignación. Artur Mas ha recortado en todo lo que da sentido a la democracia, proyectando un modelo de país muy similar al de Mariano Rajoy y su muleta naranja en España. Nunca más un gobierno que mira hacia el hotel Majestic o el Palace. Hace falta una Catalunya con un gobierno que tenga la democracia por bandera, que sea y venga de la gente. Un gobierno que pueda, primero en Catalunya, luego en Madrid y de ahí al cielo.

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