España es el país de la zona euro en la que más ha aumentado la desigualdad de distribución de la renta desde el inicio de la crisis, y a ello ha contribuido sin duda la política de devaluación salarial impulsada por el gobierno del Partido Popular, principalmente a través del desmantelamiento de la negociación colectiva. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios entre 2008 y 2014 superó el 10%, según el índice de precios del trabajo elaborado por el INE. Pero es que, además, como confirma el Informe Anual publicado ayer por el Banco de España, el crecimiento registrado desde entonces no ha corregido la redistribución de la renta en contra de los salarios, sino que la ha agravado: crecen los márgenes de beneficios empresariales mientras los salarios permanecen estancados.

La reciente actualización de la Contabilidad Nacional Trimestral confirma esta agudización del deterioro salarial, en la línea mostrada durante los últimos años. Así, según estos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el crecimiento interanual de los salarios es bastante más reducido que el del resto de variables en cualquiera de los indicadores que se comparen.

  • Después de haber experimentado una pérdida relevante de capacidad adquisitiva, entre el primer trimestre de 2016 y el primer trimestre de 2017, las rentas salariales y las del trabajo aumentan un 2% en términos reales (menos de lo que hace el empleo). Al mismo tiempo, sin embargo, mientras que los beneficios lo hacen un 5%. La brecha de la distribución se vuelve a ampliar.

  • Esta evolución se enmarca en la tendencia de la caída continuada de la cuota de las rentas del trabajo (incluyendo tanto a asalariados como a autónomos). Desde 1995 estas rentas han perdido más de un 5% del Producto Interior Bruto (gráfico 1).

    Gráfico 1. Rentas del trabajo como % el PIB

    Gráfico 1. Rentas del trabajo como % el PIBFuente: elaboración propia a partir de la Contabilidad Nacional Trimestral (actualización: 05/2017)

  • Esta evolución no es atribuible al lento crecimiento de la productividad del trabajo, sino a cómo se ha distribuido este crecimiento. Pues si comparamos las tasas de crecimiento acumuladas en términos reales de la productividad por hora y las rentas del trabajo también por hora, vemos que la productividad se ha incrementado en un 18,5% desde 1995, mientras que los salarios apenas lo han hecho en un 7,1%. Esto revela que los trabajadores siguen ganando por hora aproximadamente lo mismo que en 1995, aunque la productividad haya aumentado.

  • Lógicamente, esta evolución supone una erosión importante de la renta dedicada al pago de salarios. A modo de ejemplo, si este último trimestre se hubiera mantenido la participación de las rentas del trabajo sobre el PIB que había en 1995, los trabajadores habrían ingresado 12.182 millones de euros más.

Por tanto, el cambio de ciclo no viene acompañado de una mejora en los salarios para la mayoría social del país. Los incrementos de la productividad están siendo aprovechados para ampliar los márgenes de beneficios, mientras que las rentas del trabajo siguen perdiendo participación sobre el PIB, lo que supone una pérdida de poder adquisitivo para el conjunto de los trabajadores. Además de injusto, la falta de crecimiento de los salarios hace al crecimiento dependiente de la continuidad de los factores exógenos que han actuado como vientos de cola para la economía española, y que el propio Banco de España cuantifica en este Informe Anual en dos tercios del crecimiento total.

Para frenar y, en última instancia, revertir este proceso de caída de las rentas salariales y del trabajo sobre el PIB proponemos un aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) que alcance los 800 euros al mes a partir de enero de 2018, con sucesivos aumentos, hasta que converja con el 60% del salario medio (950 euros en 2020). Además, es imprescindible la derogación de la reforma laboral para reforzar la negociación colectiva, y cambiar el modelo de crecimiento mediante una política industrial de modernización que permita superar la estrategia de devaluación interna y bajos salarios.