Fue llegar Podemos al Parlamento de la Región de Murcia en 2015 y dar en el clavo. Allí existía uno de los sistemas electorales más injustos, uno de los menos representativos. La región uniprovincial estaba dividida —ni más ni menos que— en cinco circunscripciones; y, además, regía una barrera del 5% de sufragios que había que superar para tener derecho a entrar en la Cámara regional.

 

Desde siempre, el sistema electoral de Murcia ha provocado que casi todos los escaños se los repartieran dos partidos: PP y PSOE, por lo que antes de las elecciones autonómicas de 2015, todos los partidos de la oposición se pusieron de acuerdo, en el «Pacto de Moneo», para reformar dicho sistema. Y llegó el 24 de mayo, cuando Podemos obtuvo un resultado histórico: seis parlamentarios y el inicio de un tiempo de cambio. Enseguida, los representantes del grupo parlamentario de Podemos redactaron el borrador que luego negociaron con el PSOE y C’s.

 

El resultado fue una nueva ley electoral aprobada gracias a los votos de Podemos, PSOE y C’s, que redujo de cinco a una las circunscripciones y rebajó del 5% al 3% el suelo de votos para poder obtener un escaño. Con la nueva ley, IU (que se quedó fuera del Parlamento) hoy estaría representada en la Cámara, y el PP hubiera perdido otros cuatro escaños. Con la influencia de Podemos, el futuro en Murcia se vislumbra más democrático, más plural y menos sometido al bipartidismo caciquil que la atenazaba.