Ayer Donald Trump anunció, junto a Benjamin Netanyahu, un llamado acuerdo de paz para el conflicto en Palestina denominado, por él mismo, «el acuerdo del siglo». Con este plan, en el marco de su errática e incendiaria política exterior, Donald Trump dice buscar la «resolución de una vez por todas del conflicto en Palestina» con un «no acuerdo» que solo ha negociado con la derecha israelí más extrema y que trata de imponer a las autoridades palestinas, que ya anunciaron su rechazo.

El plan consiste, en esencia, en institucionalizar e imponer por la fuerza el apartheid que el movimiento colono israelí ha realizado durante los últimos años, una actuación ilegal según el derecho y el consenso internacional desde hace décadas: la concesión al Estado de Israel del control completo de la ciudad de Jerusalén (que según Naciones Unidas debería ser una ciudad compartida de control internacional y es uno de los puntos más sensibles en la historia del conflicto); la legalización de los asentamientos ilegales en Cisjordania; la sugerencia de transferencia de población, rechazada por el Cuarto Convenio de Ginebra y considerada posible crimen de lesa humanidad según el Estatuto de Roma; la anexión del Valle del Jordán, donde se encuentran la mayoría de los recursos agrícolas y acuíferos de la población palestina según las fronteras de 1967; además, otorga carta de naturaleza para que Israel no afronte las consecuencias jurídicas de los cinco millones y medio de personas refugiadas palestinas; y por último, plantea la creación de un llamado Estado de Palestina sin contigüidad territorial, sin recursos, rodeado de carreteras y puestos de control, y que en el plano se asemeja a un archipiélago de bantustanes, sin control de fronteras ni seguridad, y que se quedaría en menos de un 15% del territorio histórico de Palestina. El llamado «plan del siglo» exige que los palestinos cumplan con una serie de condiciones en cuatro años, entre otras el desarme de Hamás. A cambio, promete cuantiosas inversiones en un plazo de diez años.

«El acuerdo del siglo» es inadmisible desde todas las perspectivas: desde la del derecho internacional, ya que convierte las violaciones de este en realidades jurídicas; desde la perspectiva de los derechos humanos, ya que otorga impunidad completa a la violación sistemática de los derechos individuales y colectivos del pueblo palestino; o desde una mirada puramente realista, ya que no se puede hablar de negociaciones ni de acuerdo cuando las partes más extremistas de un conflicto imponen sus soluciones más radicales a la población ocupada. Además, es una nueva irresponsabilidad que puede traer más inestabilidad y más rabia en el mundo árabe. Los únicos para los que este acuerdo es positivo es para los halcones israelíes como Netanyahu, en un momento en que afronta gravísimas acusaciones de corrupción y las terceras elecciones en un año, que ve su posición reforzada.

Desde Podemos consideramos que la comunidad internacional, empezando por la Unión Europea y España, deben rechazar frontalmente esta imposición en coherencia con las posiciones que han manifestado en las dos últimas décadas. No es posible ni estudiarlo ni reconocerlo como legítimo. La base de la solución del conflicto en Palestina es el derecho internacional, que ya reconoce el derecho de ambos pueblos a una vida justa y pacífica, y este acuerdo, directamente, elimina cualquier posibilidad para el pueblo palestino. Desde Podemos trabajaremos en todas las instancias y en todos los espacios en que estamos presentes para que esta imposición no salga adelante y para que los derechos del pueblo palestino sean garantizados en cualquier solución al conflicto.

29 de enero de 2020