El Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) ha hecho públicos los datos de creación de empleo y paro registrado del mes de agosto. Comprobamos que la precariedad se afianza como un rasgo estructural de nuestro mercado de trabajo, se generaliza y se profundiza lo que se refleja en un número de contratos indefinidos muy reducido (8% sobre el total), con trabajo cada vez más a tiempo parcial (un tercio de esos contratos indefinidos son a tiempo parcial), con menor duración de contratos y con una elevada inestabilidad en el empleo (solo el pasado jueves día 31 de agosto se destruyeron 266.362 contratos, la mayor pérdida de empleo en un solo día de nuestra historia reciente). Este mes registramos la cifra récord mensual de destrucción de empleo en agosto desde que diera comienzo la crisis en 2008.

Todo ello no es sino el resultado de las políticas del Gobierno y su apuesta por mantener el actual modelo de producción y empleo, fuertemente sustentado en el turismo y la construcción, la temporalidad y los bajos salarios. De seguir por este camino, ni el crecimiento del PIB ni la creación de empleo van a solucionar ninguno de los principales problemas que sufre nuestro país:

  • No se ha recuperado el 93,3% del empleo indefinido destruido, como afirmó la ministra, Fátima Báñez, en su última comparecencia ante la Comisión de Empleo y Seguridad Social. Entre mayo de 2008 y julio de 2014 se perdieron 1,35 millones de empleos indefinidos. A partir de entonces, la cifra se ha incrementado en 720.000 trabajadores, con lo que se ha recuperado solo algo más de la mitad de los afiliados con contrato indefinido (53,6%).

  • La precarización no se reduce, sino que se sigue agravando. De nuevo, los propios datos del SEPE publicados hoy contradicen las afirmaciones sobre una mejora de la situación laboral. La enorme inestabilidad e incertidumbre en el puesto de trabajo puede observarse en los flujos de entrada y salida al sistema de la Seguridad Social.

    • Sigue predominando la contratación temporal, con su sesgo de género además del generacional. Solo el 8% de los nuevos contratos firmados el último mes son indefinidos, y es especialmente grave para los jóvenes (solo el 1% de los nuevos contratos son indefinidos y para menores de 25 años), y para las mujeres (solo el 3% de todos los contratos son indefinidos y firmados por mujeres).

    • Crece más el número de trabajadores a tiempo parcial que a tiempo completo, y el número de trabajadores temporales frente a los indefinidos. La afirmación «el empleo que llega es de más calidad que el que se fue» es radicalmente falsa. El número de afiliados con contrato temporal se ha incrementado el doble que los que tienen contrato indefinido (1.380.000 de afiliados frente a 720.000).

    • La duración de los contratos es cada vez más reducida. La duración media de un contrato en julio de 2007 era de 73,01 días, en julio de 2017 ha sido de 49,45 días. En ese mismo período, los contratos de 7 días eran el 23% del total de contratos y ya rozan el 30%. Estas cifras tienen su correlato en la brecha de género, los contratos indefinidos firmados por mujeres son solo el 3,4% de todos los contratos.

    • Dato de bajas en un solo día: Como viene siendo tendencia, los 31 de agosto son los días que más puestos de trabajo se destruyen. Así, este año la cifra alcanza 266.362, lo que refleja la temporalidad del modelo productivo adoptado por el Gobierno y una elevada inestabilidad laboral.

  • El empeoramiento de la situación económica y social de la población desempleada no se frena. A los efectos de la crisis, se le suman los recortes aplicados sobre las prestaciones de desempleo. Al inicio de la crisis, en 2008-2009, el número de desempleados con una prestación superaba el 75%. Esta cobertura ha descendido preocupantemente, situándose hoy en un 58,8%.

  • Se sigue apostando por el modelo de producción y empleo basado en el turismo y la construcción. En lo que llevamos de año, el sector que más está contribuyendo a la creación de empleo con respecto a 2016 es el de la hostelería, seguido de cerca por el de la construcción.

Por todo ello, es fundamental cambiar la orientación de la política económica en nuestro país, y apostar por una política industrial activa que transforme la estructura productiva, un Plan de Transición Nacional Energética que genere empleo de calidad y afiance un crecimiento inclusivo, una verdadera ofensiva contra la precariedad laboral y a favor de la recuperación de los salarios, y la introducción con carácter urgente de Plan de Renta Garantizada que ponga punto final a la situación de desprotección en la que se encuentra la población desempleada.

Lunes, 4 de septiembre de 2017
Secretaría de Economía, Energía y Modelo Productivo