Un camión bomba ha explotado delante de la Dirección Nacional de Seguridad de Kabul, en una de las zonas más transitadas del barrio diplomático de la capital de Afganistán -cercano a las Embajadas de Alemania, China e India. La masacre ha dejado un saldo de más de 80 personas asesinadas y más de 300 heridos. Queremos expresar nuestro horror y nuestra solidaridad con las víctimas de este atentado y sus familias. Las palabras siempre quedan cortas ante semejantes actos de barbarie.

Aún no se conoce con certeza la autoría de un atentado que, por desgracia, no es un hecho inédito en Afganistán. Los ataques contra la población civil, espacios públicos e instituciones se han sucedido con crueldad en los últimos años. En julio de 2016, por ejemplo, dos atacantes suicidas asesinaron a 100 personas, atentado que se atribuyó la rama local del autodenominado Estado Islámico; en diciembre de 2015 murieron dos policías españoles y seis empleados afganos en un ataque a las dependencias de la Embajada de España. Cada año mueren además numerosas víctimas civiles en enfrentamientos entre el Gobierno de Afganistán y los talibanes, en un país en el que la intervención internacional de 2001 agravó la dramática situación de violencia que sufre desde hace 40 años.

No se trata sólo de Kabul. Conmocionados aún por los recientes atentados en Manchester o Niza, queremos recordar a todas las víctimas de atentados terroristas que se multiplican en todo el planeta. Tan sólo en los primeros meses de 2017 ha habido atentados con más de 50 víctimas en Mazar-e-Sharif y Kabul (Afganistán); Alepo, Susa, Deir ez-Zor y Damasco (Siria); Sehwan (Pakistán); Kulbiyow (Somalia); Gao (Malí) y Bagdad y Azaz (Irak), con un saldo mortal total de más de 3500 personas. Según el Índice de Terrorismo Global, la fuente más usada para analizar la evolución del terrorismo elaborada por el Instituto para la Economía y la Paz con la base de datos de la Universidad de Maryland, en 2016 murieron 29.376 personas en actos terroristas que afectaron a 28 países (habían sido 13 en el año anterior).  Desde 2000 a 2014, más de 72.000 personas murieron en atentados, el 87% en países de mayoría musulmana,

No hay un día que perder que perder en reorientar una desastrosa política exterior que, en todo el mundo, está aumentando la inseguridad, las guerras, los bombardeos, los desplazamientos forzosos, recortes de los derechos de las mujeres, violencia sexual, hambrunas, falta de atención médica y hospitales bombardeados. Sólo yendo a la raíz de los conflictos se podrán abordar las causas profundas de los mismos y neutralizar el caldo de cultivo en que crecen y expanden su ideología de la barbarie las organizaciones terroristas. No hay un minuto que perder. Debemos reorientar la política antiterrorista en suelo europeo con una auténtica cooperación entre servicios de inteligencia, medidas eficaces para el control del tráfico y la venta armamento y de los flujos ilícitos de capital, y apostar de manera decidida por las políticas públicas de inclusión social, educación y convivencia como el mejor método para la desradicalización.

Desde Podemos nos negamos a aceptar como un hecho consumado esta espiral de destrucción, muerte, dolor y barbarie que se extiende en Oriente Medio, Magreb y el Sahel, que llega también a Europa en forma de atentados. Reivindicamos el derecho a la paz, a la seguridad humana, a conducir una existencia plena en libertad e igualdad, a salvo del miedo y la violencia como base indispensable para la soberanía de todos los pueblos del mundo y una cultura de paz con enfoque de género que rompa el ciclo de la violencia y se centre en solucionar las causas profundas de los conflictos.