Francia ya cuenta con nuevo presidente. El domingo 7 de mayo Emmanuel Macron se impuso a Marine Le Pen por más de 30 puntos de diferencia. Le Pen obtuvo menos votos que la suma de abstencionistas (un 25,4%, la segunda cifra más alta desde 1969), votos en blanco (8,5%) y votos nulos (3%). En la segunda vuelta, Le Pen ha quedado tercera.

Desde Podemos celebramos que la ultraderecha francesa no haya llegado a la presidencia de Francia y que su programa xenófobo y racista haya sido claramente derrotado en las urnas. Sin embargo, no podemos dejar de señalar que más de 10 millones de franceses y francesas han votado por el FN, consolidando su proyecto tras las victorias en las pasadas elecciones europeas y regionales. Frente a las insinuaciones y manipulaciones que hemos presenciado en los últimos días, se ha confirmado que el mayor aporte de votos a Le Pen en la segunda vuelta no ha venido en ningún caso de los votantes de la Francia Insumisa sino de Los Republicanos. Es la derecha francesa quien ha reforzado a la ultraderecha.

La clara victoria de Macron no debe llevar a engaño, pues tiene, en realidad, los pies de barro. En primer lugar, porque todos los estudios indican que un porcentaje importantísimo de sus votos han sido prestados una vez más para frenar a la ultraderecha, que se trata un voto de rechazo y en ningún caso de adhesión. En segundo, porque su programa de radicalización de las políticas de austeridad, incluyendo otra reforma del mercado laboral, del sistema público de pensiones, la reducción de impuestos sobre los beneficios empresariales, los recortes de presupuestos y bienes públicos, sólo puede ahondar en la crisis que sufre la población francesa con impactos diferenciados en mujeres y hombres. Son las mismas políticas de austeridad que han alentado el alza del Frente Nacional, acelerado el hundimiento del Partido Socialista Francés y finiquitado el sistema de partidos de la V República Francesa. Por eso creemos que el gran alivio que expresan las instituciones de la UE y muchos gobiernos europeos por los resultados en Francia es miope y cortoplacista. Como antes en Holanda, las élites europeas respiran sólo a costa de consolidar el chantaje entre austeridad o barbarie, entre la continuidad del establishment o los peores fantasmas de la historia europea. Incapaces de toda autocrítica, confían en la continuidad de sus políticas por ausencia de alternativa.

Por eso el mensaje de estas elecciones vuelve a ser claro: es urgente construir una poderosa alternativa democrática en Europa. Para que Macron 2017 no de paso a Le Pen 2022, es necesario un nuevo espacio progresista, democrático, radicalmente comprometido con la justicia social, los derechos humanos, la equidad de género y la sostenibilidad del planeta, que represente una alternativa real a la gran coalición y al crecimiento de la internacional reaccionaria. La Francia Insumisa, a partir del gran resultado que obtuvo en la primera vuelta, está llamada a construir esa alternativa a la austeridad de Macron y a la barbarie del Frente Nacional. Ese es el gran reto para las elecciones legislativas del próximo mes de junio, y para ello seguirán contando con todo nuestro apoyo.