En la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales, la ciudadanía francesa tendrá que elegir entre Emmanuel Macron, un ex-banquero que representa la continuidad y el recrudecimiento de las políticas de austeridad y de desmantelamiento del Estado del bienestar, y la extrema derecha xenófoba y racista de Le Pen. Entre ambos apenas llegan a sumar un 45% de los votos en esta primera vuelta. Francia repetirá así el guión que hemos visto en otros países europeos: el voto democrático reducido a la lógica del mal menor, a una elección entre austeridad o barbarie, entre continuidad o reacción, entre el cierre sobre sí mismo del establishment o los representantes de esa internacional reaccionaria que, bajo el mando de Trump, no deja de avanzar posiciones en todo el mundo. Este es el legado del quinquenato de Hollande, elegido con un programa socialdemócrata que prometía revertir las políticas de austeridad y cambiar el rumbo de Europa. Fue él quien nombró ministro de Economía a Macron; tras cinco años de austeridad, severas medidas antimigratorias, estado de excepción y durísimos ajustes sociales a golpe de decreto, sigue la senda de Grecia, Austria o los Países Bajos y deja a su partido en un 6% del voto.

El programa de Macron es el de las “reformas” de Bruselas, el de los ajustes y las privatizaciones, el de las reformas laborales, el del vaciamiento de la esfera pública, el de una Europa desigual, ineficaz e injusta que enfrenta a unos pueblos contra otros mientras condena a un 25% de su población a vivir en riesgo de exclusión. Es el programa de una sociedad donde no dejan de aumentar las desigualdades, que golpean especialmente a quienes viven de su trabajo o no pueden encontrar uno, a las mujeres que cargan con el peso de los cuidados y de un Estado en retirada, a las familias monoparentales, a las personas de orígenes diversos afectadas por el racismo, a la población migrante y refugiada. Son estas políticas de austeridad, que no cesan de generar sufrimiento, miedo e incertidumbre entre sectores sociales que se ven cada vez más excluidos, empobrecidos y precarizados, quienes alimentan el auge de opciones neofascistas como el Frente Nacional.

Es y ha sido siempre la obligación de cualquier demócrata frenar por todos los medios el auge del fascismo. Pero para que Macron 2017 no dé paso a Le Pen 2022, es fundamental que crezca y se articule un espacio democrático y popular, radicalmente comprometido con la justicia social, que represente una alternativa real a la gran coalición y al auge de la internacional reaccionaria. Por esa razón saludamos el extraordinario resultado de La Francia Insumisa, que con más de 7 millones de votos, ha vencido en 4 de las 10 mayores ciudades de Francia y se ha quedado a apenas 1,6 puntos de pasar a la segunda vuelta. De la gran campaña de la Francia Insumisa sale un movimiento popular destinado a protagonizar el futuro político de nuestro país vecino, y a ser un referente en la lucha de las fuerzas transformadoras para construir un orden europeo basado en la justicia social, los derechos humanos, la igualdad económica y social entre hombres y mujeres, y un nuevo horizonte de ciudadanía en dignidad. Las próximas elecciones legislativas deben ser un momento importante para la consolidación de ese espacio político.