Ayer, 28 de octubre, se celebró en Brasil la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Jair Bolsonaro, el candidato del Partido Social Liberal (PSL), ha sido elegido Presidente con el 55,13% de los votos.

Bolsonaro, un exmilitar nostálgico de la dictadura que sufrió Brasil desde 1964 hasta 1985, xenófobo, misógino y homófobo, se ha alzado con la presidencia bajo la promesa de combatir la corrupción e imponer orden y seguridad en las calles de Brasil. Su campaña, que ha contado con el beneplácito de los principales agentes económicos del país y sobre la que pesan acusaciones de fraude electoral y financiación ilegal y por parte de grandes empresarios, se ha basado en la difusión masiva de noticias falsas a través de las redes sociales (principalmente Whatsapp), sembrando el odio y la mentira en la sociedad brasilera. La connivencia ha venido también del poder judicial que, bajo amenazas por parte de las Fuerzas Armadas, ha mostrado su parcialidad negándose a investigar las denuncias que pesaban sobre Bolsonaro al mismo tiempo que mantenía a Lula da Silva, el candidato que según todas las encuestas habría ganado las elecciones, preso y fuera de la competición electoral.

Con la victoria de Bolsonaro se completa una operación política que comenzó con el golpe a Dilma y siguió con la formación del gobierno ilegítimo de Temer y el encarcelamiento e inhabilitación de Lula da Silva. Basada en la persecución política del Partido dos Trabalhadores y en la criminalización del proceso de transformación social liderado por Lula en Brasil, la campaña de Bolsonaro ha sido capaz de instrumentalizar el sentimiento de desafección que comparte la inmensa mayoría de la población por la corrupción que afecta al sistema político en su conjunto, para armar una coalición anti-PT con las iglesias evangélicas, los principales agentes financieros y económicos, el ejército y los grandes medios de comunicación. Bajo su retórica machista, violenta y xenófoba, yace sin embargo un programa de durísima ortodoxia neoliberal, en línea con las políticas impuestas por el FMI en la región durante décadas, que ha sido jaleado por los mercados financieros internacionales.

La polarización y la intolerancia, que han contaminado el conjunto del proceso electoral, amenazan ahora a las minorías y movimientos sociales que se han visto señalados públicamente y de forma reiterada por el ya presidente electo. La sociedad civil, el movimiento feminista y las mujeres brasileras salieron a las calles para gritar #EleNão, conscientes del peligro que Bolsonaro representa para la paz social y los derechos de las mujeres y de la comunidad LGTBI, demostrando una vez más que el feminismo es hoy en día el principal agente político de resistencia organizada contra la extrema derecha y las mujeres, el principal objeto de sus ataques. Ante las recientes declaraciones del nuevo Presidente, que ha amenazado con encarcelar o desterrar a sus adversarios ideológicos y con caracterizar al MST (Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra) y al MTST (Movimiento de los Trabajadores Sin Techo) como organizaciones terroristas, y desde la preocupación que hoy cunde por la suerte de los derechos humanos en Brasil, queremos enviar un mensaje de admiración y apoyo solidario a todos aquellos colectivos que, se han movilizado en esta campaña para defenderlos, y que han renovado un mensaje de compromiso con la resistencia democrática en esta hora difícil y sombría. Desde España seguiremos presentes, apoyándolos en la defensa de sus derechos, e instamos a la comunidad internacional a que se haga presente para impedir que Bolsonaro traduzca sus execrables amenazas en realidad.

Esa comunidad internacional tiene una parte importante de responsabilidad en lo que acaba de suceder en Brasil. Lejos de condenar las reiteradas irregularidades y violaciones de derechos civiles y políticos que han llevado a este desenlace, el mundo ha asistido indiferente a la deriva autoritaria y antidemocrática que ha sacudido el país. Por eso, una vez más queremos manifestar nuestro especial rechazo ante las actuaciones de los dos últimos Gobiernos de España: el Gobierno de Mariano Rajoy, que legitimó el impeachment a Dilma, acudiendo incluso a Brasil a visitar oficialmente a Temer, y el Gobierno del PSOE, que mantuvo un inexplicable silencio ante el encarcelamiento de Lula y la prohibición de presentarse a las elecciones. A España le corresponde por tanto una parte de responsabilidad en el desenlace de esta tragedia democrática.

Con la elección de Bolsonaro, Brasil se suma a la internacional reaccionaria comandada por Trump y compuesta por figuras como Orban, Salvini y Duterte. Brasil es la mayor democracia de América Latina y existe un grave peligro de que a través de este país se amplifiquen las desastrosas políticas de Trump en todo el continente. Es un motivo de preocupación para quienes creen en la democracia, en la justicia social y en los derechos humanos que la derecha española, en su carrera reaccionaria hacia ninguna parte, no se haya desmarcado claramente de la bandera del odio que ondea esta internacional. Sin embargo, queremos reafirmar una vez más que no es el momento de lamentarse ni de entregarse a cualquier forma de derrotismo sobre el destino del mundo. Debemos más que nunca redoblar los esfuerzos, no dejarnos intimidar y actuar con determinación para construir un proyecto político radicalmente democrático, feminista, profundamente comprometido con las conquistas populares y los derechos humanos, para frenar la descomposición del orden neoliberal y la alternativa en forma de reacción monstruosa que avanza a lo largo y ancho del planeta. Frente a la internacional reaccionaria, frente a la internacional del odio y la violencia, desde Podemos exhortamos a todas las fuerzas democráticas y del cambio a la construcción de una internacional democrática, feminista, popular y progresista, que haga de la justicia social un dique de contención esencial frente a la barbarie que nos amenaza desde todas partes.

Brasil es más que Bolsonaro. La resistencia democrática nos tendrá de su lado para que el pueblo de Brasil vuelva a construir un futuro en paz y democrático para todos sus habitantes sin distinción.