El partido del primer ministro liberal Rutte ha ganado las elecciones en Países Bajos con 8 escaños menos de los que tenia. El PVV de Geert Wilders, representante de la internacional reaccionaria que crece a lo largo y ancho del continente, ha mejorado su resultado pero queda lejos de lo que pronosticaron las encuestas, que llegaron a ubicarle incluso como primer partido en votos.

La mayor sorpresa ha sido el crecimiento del partido GroenLinks (Izquierda Verde), que ha pasado de 4 a 14 diputados. Saludamos ese resultado así como el del Partido Socialista, nuestro aliado del GUE, que ha logrado 14 escaños en un escenario de alta fragmentación y reubicación de posiciones en el mapa político de aquel país. Les deseamos toda la suerte en su trabajo para configurar una alternativa democrática al juego perverso de la austeridad y la extrema derecha que ha monopolizado la agenda de la campaña electoral.

Hoy varios dirigentes del establishment europeo celebran con mensajes de alivio la victoria de Rutte, y los principales medios de comunicación enmarcan el resultado como una victoria del europeismo frente al «populismo» radical.

Ese triunfalismo del establishment no está en absoluto justificado. No sólo porque Wilders, aunque no haya ganado, ha subido en votos y escaños. El problema de fondo, lo más preocupante y significativo de estas elecciones desde la perspectiva europea, tiene que ver con lo que se ha venido a llamar la «lepenización de los espíritus», esa operación por la que los partidos tradicionales del establishment aplican políticas y emiten discursos inicialmente abanderados por la extrema derecha, que una vez tras otra logra imponer su agenda y escorar el debate hacia sus postulados xenófobos y racistas. Lo hemos visto en la última fase de la campaña de Rutte, marcada por el ambiente antiturco que él mismo ha aprovechado en la crisis con Erdogan para competir en dureza con Wilders y alimentar los extremismos tanto en su país como en Turquía. Que Rutte, hoy apóstol celebrado por el europeísmo, haya asumido esa pelea es ya indirectamente una victoria de la extrema derecha racista y xenófoba.

Por otro lado, sugerimos a las élites de Bruselas que analicen con detenimiento el resultado del PvdA, la socialdemocracia tradicional en los Países Bajos. Una vez más, un partido socialdemócrata europeo que ha apoyado desde el Gobierno recortes y políticas de austeridad paga con rotundidad el precio de su descrédito en las urnas. Sucedió en Grecia, en Alemania, en Austria, en el Reino Unido, en España, y va a seguir sucediendo en todo Europa: grandes sectores del electorado que tradicionalmente se veían identificados en la socialdemocracia, especialmente las clases populares, medias y trabajadoras, han dejado de estarlo porque se han visto sistemáticamente engañados y abandonados por quienes dicen representarles, prometen en campaña electoral hacer políticas para las mayorías sociales y desde el poder aplican sumisamente programas económicos que minan sus condiciones de vida y desmantelan derechos que costó generaciones conquistar.

Los partidos del pasado, los partidos de las grandes coaliciones y del aval ciego a la austeridad, no serán quienes defiendan a las mayorías sociales de la amenaza de la extrema derecha y del asalto sistemático a sus derechos. Una vez más, reiteramos la necesidad de alumbrar otro proyecto de sociedad, fundamentado y sostenido en políticas de igualdad, de defensa de lo público y los derechos sociales, en la democratización de las instituciones, la garantía de los derechos humanos, un proyecto que genere esperanza de cambio en vez de alimentar el miedo que contribuye a que Wilders y todos los profetas de la internacional reaccionaria sigan ganando terreno.

Hoy el establishment europeo respira tranquilo, pero son sus políticas las que están generando la aparición de un Wilders, un Farage, un Le Pen, un Höfer en cada país de Europa. Es nuestra tarea construir la alternativa popular y democrática que derrote con un solo gesto tanto a la austeridad como a la amenaza xenófoba y reaccionaria que, desgraciadamente, sigue planeando como amenaza en Europa.