Emmanuel Macron ha obtenido una clara victoria en la elecciones legislativas francesas. Su Gobierno no tendrá enfrente una clara oposición parlamentaria, y la República en Marcha ha logrado culminar con éxito su labor de demolición del sistema de partidos políticos de la V República.

Sin embargo, el reverso de ese triunfo es una abstención récord, que certifica la crisis del sistema político francés. Con un 56,5%, ayer se registró la abstención más alta en las legislativas en toda la historia de la V República de Francia, con unas tasas que superan el 70% en las poblaciones más jóvenes. Esta abstención, unida a un elevado porcentaje de votos en blanco y nulos en las últimas cuatro convocatorias presidenciales y legislativas, es un serio aviso para  quienes den por sentado el apoyo de la mayoría de la población a políticas de austeridad y ajuste que Macron ha prometido continuar.

Ese consentimiento no es tal. El resultado de la Francia Insumisa, que ha cosechado algunas victorias prometedoras en esta segunda vuelta y contará con un Grupo Parlamentario propio, debe ser la premisa de un ciclo de resistencia republicana y movilización social, en defensa de los derechos de ciudadanía y las conquistas históricas de la gente trabajadora. Las fuerzas del cambio político en Francia deben avanzar en la construcción de una alternativa a las políticas de austeridad y recorte de derechos que plantea La República en Marcha. Francia no es una empresa, y mucho menos una start-up como dice la ideología blanda del neoliberalismo de Macron. Francia ha sido y es un referente en la lucha por la igualdad y la justicia social. Por eso hoy quienes defienden ese legado tienen la responsabilidad de organizar la resistencia contra la radicalización de las políticas de austeridad que augura el programa de Macron, comenzando con una aún más dura reforma laboral, recortes en el sistema público de pensiones, reducción de impuestos sobre los beneficios empresariales, recortes de presupuestos y bienes públicos que sólo pueden ahondar en la crisis que sufre la población francesa con impactos especialmente duros sobre las mujeres.

Hay otros dos datos que conviene analizar del resultado electoral. Primero, celebramos que la Asamblea vaya a contar con 223 diputadas mujeres, un número récord que supera las 155 electas en 2012. Sin embargo, las mujeres electas representan solo el 38,7% del total de representantes, muy lejos aún de la paridad. Esta realidad es inaceptable para la Europa de 2017. La mitad de la población no puede tener menos de un 40 por ciento de la representación política: es algo sencillamente injustificable.

En segundo lugar, celebramos que este ciclo electoral haya resultado en una clara derrota de las ambiciones de la extrema derecha, que veía en ellas una oportunidad histórica para avanzar en su estrategia de articulación en clave reaccionaria del malestar, el miedo y la exclusión social. Ningún demócrata, sin embargo, puede llevarse a engaño. No conjuraremos el peligro de la xenofobia, el odio y el autoritarismo sin cambiar las raíces de la política económica que han configurado esta Europa cada vez más desigual, donde gran parte de la población sobrevive con trabajos precarios o en situación de exclusión y vulnerabilidad social. Por eso, celebramos que en países como Francia o Gran Bretaña, donde hasta hace poco parecía poco viable la contestación en clave progresista del estabilishment, hayan aparecido poderosos fenómenos políticos llamados a articular un nuevo espacio alternativo, progresista, democrático, radicalmente comprometido con la justicia social, los derechos humanos, la equidad de género y la sostenibilidad del planeta.  Desde Podemos seguiremos apoyando a todos nuestros socios y aliados en la construcción de un proyecto de sociedad que represente una alternativa real a la austeridad de la gran coalición y al crecimiento nefasto de la internacional reaccionaria. Con estas fuerzas hermanas trabajaremos, hoy y siempre, para refundar una Europa al servicio de sus pueblos.