El suicidio de Thalía el viernes de la semana pasada ha vuelto a poner de manifiesto la falta de empatía de la sociedad con las personas trans. Hace diez años fue Aimar; hace dos, Alan; hace tan solo dos meses, Ekai; ahora, Thalía. Esto denota que no es un problema individual, sino que es fruto de la exclusión social que estas personas sufren. A veces se manifiesta de forma evidente (bullying, mobbing), y otras a través de mecanismo más sibilinos, como la falta de reconocimiento de cuerpos con caracteres sexuales y genitales no esperados en aquellas personas cuyas identidades son asociadas a cuerpos y genitales concretos.

La reticencia de la sociedad a aceptar la diversidad sigue muy presente, y esto se lo pone muy difícil a quienes se consideran diferentes. Los datos reflejan esta misma realidad. Las personas adolescentes trans se enfrentan a una cotidianidad extremadamente dura marcada por el fracaso escolar, así como por altas tasas de depresión y ansiedad. El 80% de las mujeres trans se encuentra en situación de desempleo, ya que son sistemáticamente rechazadas en los procesos de selección. Además, en los servicios públicos, también tienen que hacer frente al maltrato institucional. En la sanidad pública, la transexualidad sigue siendo contemplada como un trastorno mental, y así es tratada por psiquiatras en muchas Unidades de (Trastorno) de Identidad de Género. Esto conlleva que profesionales de diferentes ámbitos sin sensibilización ni formación sigan tratando a estas personas como quienes no son.

Todo ello hace necesario la aprobación de la Ley Integral Estatal de Identidad Sexual y Expresión de Género, que precisamente plantea medidas transversales en torno a los factores de exclusión de la población trans: educación en diversidad; acciones de cara al empleo; reconocimiento legal sin requisitos patologizantes de chicos, chicas y de aquellas personas que se definen más allá de estas identidades, así como medidas tan necesarias como poco visibilizadas en el ámbito del deporte o de las prisiones. También urge que se pongan en marcha las medidas recogidas en la Ley Integral de Transexualidad de la Comunidad Madrid, aprobada hace ya más de un año.

Desde Podemos defendemos el derecho de las personas trans a vivir una vida libre de violencias, en la que la identidad sexual o la expresión de género no sean motivos de discriminación o exclusión social. La transfobia es la muestra del camino que nos queda por recorrer para lograr que la diversidad ocupe un lugar central en nuestra sociedad.

Área LGTBI y Secretaría de Feminismos Interseccional y LGTBI