Vivimos en una sociedad altamente tecnificada. Los productos de la ciencia moderna se encuentran integrados en nuestra rutina diaria hasta tal extremo que, a menudo, no somos conscientes de ello. Los grandes beneficios que ha traído el progreso científico a nuestras sociedades han venido acompañados también de incertidumbres. Defender la ciencia hoy no pasa tanto por glosar y defender los primeros como por encontrar formas democráticas y consensuadas de enfrentar las segundas. Para ello debemos, por una parte, aumentar la cultura científica de la sociedad mediante planes de acción en el largo plazo. Por otra parte, debemos incentivar la creación de espacios de deliberación ciudadana que, solo desde la reflexión profunda y la información contrastada, asuman que las decisiones científicas son algo que incumbe a toda la ciudadanía y que es irresponsable dejarlo únicamente en manos de expertos y políticos.

La ciencia vive hoy bajo una doble amenaza. La primera es que la distancia que la separa de la población es a veces tan grande que busca en otros lugares formas de conocimiento que sean más accesibles y amables, en forma de las pseudociencias y las pseudomedicinas. La segunda amenaza es la conversión de la ciencia en un mercado, proceso que se inicia tras la Segunda Guerra Mundial, y que está generando un reguero de malas prácticas que desprestigian a toda la ciencia cuando se hacen públicas. La ciencia no es un mercado, y los intentos de la política neoliberal por convertirla en un producto más de sus juegos financieros pueden acabar de forma desastrosa para toda nuestra sociedad. Defender la ciencia, hoy, es enfrentarse a esta doble tenaza.

Este peligro resulta especialmente grave en el caso de las pseudoterapias, que se aprovechan del sufrimiento de los enfermos y cuidadores, así como de la necesidad de tener una esperanza en situaciones límite. Aquí cabe, sin embargo, señalar una diferencia fundamental entre lo que es la enfermedad y su tratamiento y lo que es la experiencia por parte del paciente de su enfermedad. Mientras que la primera sería un elemento objetivo y medible, la segunda es subjetiva y escapa a toda medición. Además, no necesariamente existe una correlación entre la una y la otra: se puede mejorar de la enfermedad, pero la experiencia del paciente puede ser de total abandono y depresión. Esta experiencia, y no el avance objetivo de la enfermedad, es la causa que nos empuja a buscar el consuelo de las pseudoterapias. Los pacientes no buscan tanto una píldora milagrosa como la atención que muchas veces el médico del Sistema Público Nacional de Salud no puede proporcionarle.

Desde el Área de Políticas Científicas e I+D+i del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos expresamos nuestra total oposición al empleo de terapias cuya validez no ha sido testada científicamente, y nos oponemos rotundamente a su financiación por parte del Estado. Pero también creemos que el actual auge de las pseudociencias en general, y de la pseudoterapias en el campo de la salud en particular, se debe, principalmente, a una demanda insatisfecha de los pacientes y sus familias, que reclaman al médico que no sólo trate su enfermedad, sino también que cuide de su experiencia de la misma. Por eso también defendemos la inclusión de elementos de las humanidades médicas en la formación y en la práctica de la profesión, en la tradición más ilustrada de la medicina. Debemos promover el uso de la medicina narrativa y de la escucha atenta, el cuidado respecto a la excesiva medicalización, el seguimiento individualizado de los pacientes, sobre todo de aquellos especialmente vulnerables (ancianos, niños, etc.)… Todo ello está resumido bajo la etiqueta de «humanización de la medicina», un proceso en el que nuestras Universidades públicas deben desempeñar un papel fundamental. Obviamente, esta formación debe ir acompañada del correspondiente aumento de financiación del Sistema Público Nacional de Salud. Una asistencia de calidad es imposible con unos ratios médico/paciente en atención primaria que no han hecho más que empeorar en los últimos años.

Como consecuencia de las anteriores reflexiones, desde el área de Políticas Científicas e I+D+i exponemos lo siguiente:

  1. Reivindicamos el papel fundamental del progreso científico y tecnológico en el bienestar de la población en las sociedades modernas.

  2. Reconocemos la responsabilidad de los poderes públicos en la promoción de la cultura científica y la información veraz. Resulta imprescindible para que la ciudadanía pueda defenderse de los bulos y las estafas, así como tomar decisiones con el mejor de los criterios posibles.

  3. Asimismo, reconocemos que corresponde a las autoridades atajar la difusión de determinadas desinformaciones, como en los casos de publicidad engañosa, el uso de espacios públicos por parte de quienes promocionan sus pseudoterapias o la legitimación que, en ocasiones, buscan estas pseudociencias tratando de incorporarse a la oferta formativa de nuestras universidades públicas.

  4. Es particularmente importante velar por el imprescindible bien social que supone nuestro Sistema Público Nacional de Salud. Apostar por su calidad implica apostar por aquellos tratamientos basados en la evidencia y rechazar a aquellos que no han demostrado su eficacia mediante criterios científicos. Pero también se debe apostar por incrementar su capacidad de atender las necesidades subjetivas de los pacientes, en un proceso de “humanización de la medicina”. Esto debe ir acompañado, de forma inevitable, por una mejora de la financiación de la Sanidad Pública, especialmente en atención primaria.

  5. No puede olvidarse que los avances científicos y técnicos también plantean desafíos y, en ocasiones, conllevan consecuencias indeseadas. La solución en este caso pasa por utilizar la política como una herramienta que posibilite que los beneficios de la ciencia alcancen a toda la sociedad, de modo que no existan perdedores como consecuencias del desarrollo tecnológico.

  6. Finalmente, para lograr los objetivos anteriores, apostamos por un sistema de investigación público fuerte, con una financiación apropiada, una administración eficaz y cuyos frutos redunden en beneficio de todo el pueblo.

9 de septiembre de 2017
Área de Políticas Científicas e I+D+i de Podemos

Agradecemos la labor realizada desde el círculo de Podemos Ciencia e I+D+i por su contribución en la realización de este comunicado.